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10 - UNA COMUNIDAD VIRTUAL DE APRENDIZAJE

El concepto de comunidad es un lugar geográfico en donde la gente tiene oportunidad de reunirse y socializar. Con el advenimiento de la Web, este concepto ha evolucionado y las restricciones geográficas han desaparecido pasando a ser la tecnología el medio de reunión y socialización. De todas maneras, el término comunidad permanece vigente y tiene que ver con un elemento fundamental: la gente.

Una comunidad virtual es entonces una reunión de gente dentro de un "espacio" propio que les permite conectarse, comunicarse y llegar a conocerse a medida que pasa el tiempo. Generalmente tienen un interés común y en nuestro caso, ese interés es el aprendizaje.

Normalmente el lugar creado por un curso virtual está destinado a motivar la participación del estudiante y la colaboración no competitiva para lograr objetivos individuales de conocimiento.

Sin embargo, muchas comunidades de aprendizaje virtual no están creadas como tal. Se limitan a crear mundos virtuales de gran contenido gráfico y visual, pero son pobres en estimular la interacción social. Podrían asimilarse a galerías de arte que el visitante recorre, cuadro tras cuadro, sin que en el camino encuentre o se interese por encontrar a los demás visitantes; mucho menos, por entablar conversaciones con ellos acerca de la experiencia.

Por eso no basta con publicar contenidos, lecturas y tareas en la Web. La creación de una comunidad vibrante y significativa requiere de oportunidades de interacción social entre los participantes. Es la única forma de crear confianza y respeto entre los miembros de la comunidad para que se sientan pertenecientes a ella.

La primera pregunta que debe surgir entre los creadores del curso es: ¿Por qué una comunidad virtual? ¿Acaso no sería mejor un salón de clase tradicional para lograr la interacción entre los estudiantes y los profesores? Por supuesto que es mejor un ambiente real, pero si las circunstancias de tiempo y espacio no lo permiten, tenemos que recurrir a la tecnología y a la virtualidad para lograr el mismo objetivo.

Sin embargo, la creación de una comunidad virtual puede ser una solución ideal tanto en cursos que requieren el desarrollo del pensamiento colaborativo y la toma de decisiones en equipo como en cursos que simplemente exponen contenidos para el aprendizaje individual.

El concepto del estudio en cooperación normalmente tiene una acogida favorable entre los participantes de un curso, ya sea presencial o virtual. Muchas veces al evaluar nuestras propias experiencias de aprendizaje reconocemos que fue tan valioso lo que aprendimos como el grupo de personas que conocimos en el proceso. Muchas veces esto último predomina.

Aunque es responsabilidad de los creadores y de los tutores del curso lograr la participación activa de los estudiantes, son estos últimos los que determinan el éxito o fracaso en la creación de una comunidad.
Los autores del curso pueden crear todo tipo de actividades para promover la interacción de los estudiantes, pero sólo se podrá decir que se creo una comunidad si la relación de los miembros se extiende por fuera de los límites del curso. Si la comunicación continúa por medio del correo electrónico, del teléfono o de encuentros reales (si la geografía lo permite) se habrá logrado una verdadera comunidad.

La buena noticia es que esto ocurre con mucha frecuencia.


Al igual que en una comunidad real, a medida que los miembros empiezan a interactuar, se desarrollan patrones de conducta informales que llevan a la creación o al acuerdo de ciertos códigos formales de comportamiento.

Este código de conducta reflejará el tipo de atmósfera o tono que la comunidad desea crear.

En un aula de clase tradicional, la sola disposición de las sillas (en auditorio, en forma de mesa redonda, en grupos de trabajo) ya establece un ambiente y anticipa lo que se espera del participante (escuchar, participar, trabajar).

En el ambiente virtual es importante conocer las reglas específicas de protocolo que regirán el curso. El tono de los mensajes de bienvenida dan una idea de lo que se puede esperar. Sin embargo, es importante conocer las reglas aun que no estén explícitas. Por ejemplo, puede ser natural que debamos "tratar a los demás como deseamos que nos traten a nosotros", pero es posible que no sea tan obvio que debamos "evitar los ataques personales cuando debamos criticar a alguien".

Los autores y tutores de cursos virtuales pueden recurrir a ejercicios de "creación de comunidad" al principio del curso para que los estudiantes se conozcan entre sí y para que se empiece a utilizar el "protocolo" de la comunicación virtual. Sin embargo, no sobra conocer las reglas tradicionales de la interacción virtual, así no estén explícitas en el curso.

Tanto los neófitos en el tema de Internet como los veteranos "cibernautas" estarán de acuerdo en adoptar un modelo de "etiqueta" de comunicación (conocido como "netiquette") para establecer el tono del curso. (Más adelante se encuentra un documento completo sobre el tema)


Al igual que en una comunidad real, a medida que los miembros empiezan a interactuar, se desarrollan patrones de conducta informales que llevan a la creación o al acuerdo de ciertos códigos formales de comportamiento.

Este código de conducta reflejará el tipo de atmósfera o tono que la comunidad desea crear.En un aula de clase tradicional, la sola disposición de las sillas (en auditorio, en forma de mesa redonda, en grupos de trabajo) ya establece un ambiente y anticipa lo que se espera del participante (escuchar, participar, trabajar).

En el ambiente virtual es importante conocer las reglas específicas de protocolo que regirán el curso. El tono de los mensajes de bienvenida dan una idea de lo que se puede esperar. Sin embargo, es importante conocer las reglas aun que no estén explícitas. Por ejemplo, puede ser natural que debamos "tratar a los demás como deseamos que nos traten a nosotros", pero es posible que no sea tan obvio que debamos "evitar los ataques personales cuando debamos criticar a alguien".

Los autores y tutores de cursos virtuales pueden recurrir a ejercicios de "creación de comunidad" al principio del curso para que los estudiantes se conozcan entre sí y para que se empiece a utilizar el "protocolo" de la comunicación virtual. Sin embargo, no sobra conocer las reglas tradicionales de la interacción virtual, así no estén explícitas en el curso. Cualquier comunidad, real o virtual, no puede sobrevivir sin interacciones que aumenten la cohesión entre los miembros. A su vez, entre mas cohesión, más interacción habrá.

Para crear una comunidad no basta con proporcionar un espacio y dar unas reglas. Se deben crear muchas y variadas oportunidades para alimentar el desarrollo natural de las relaciones interpersonales.
La primera fuente de soporte de estas relaciones es el tutor, la segunda, obviamente, los participantes.


Es el dueño de casa y como tal debe establecer el tono, comunicar las reglas y alimentar la conversación. Puede tener muchos nombres: facilitador, tutor, instructor, profesor. En este contexto, la palabra más adecuada es: anfitrión.

Como anfitrión, su misión es proveer las necesidades de los miembros de la comunidad. Conocer a todos y promover que todos se conozcan. Saber lo que quieren, lo que saben, lo que necesitan de la comunidad y lo que tienen para ofrecer con su participación. La forma y los medios que utilice para lograrlo depende mucho de la personalidad del anfitrión, sin embargo, hay algunas estrategias que son útiles para todos.

Puesto que el anfitrión es usualmente la primera persona que el participante conoce en el curso, es importante que le dé la bienvenida a cada uno y promueva que éstos se presenten entre sí.

El anfitrión debe establecer su papel y aclarar el nivel de participación que tendrá en las actividades y discusiones. En ocasiones será pertinente que responda a todo el grupo, pero también habrá situaciones en que deberá dirigirse a alguien en particular, ya sea en forma pública o privada.

Aunque es necesaria la retroalimentación oportuna, también debe evitarse que el diálogo se limite a preguntar al anfitrión y esperar sus respuestas. No es necesario que se involucre en todas las discusiones y muchas veces las discusiones toman vuelo sin su intervención, lo que es un síntoma de progreso de la comunidad.

Una labor importante del anfitrión es la creación y preservación de la "memoria institucional" de la comunidad. A medida que se van realizando actividades y que el grupo empieza a tener "historia", el anfitrión debe empezar a compilarla y preservarla. Las sugerencias de los participantes de sitios de la Web, los artículos mencionados, los aportes a las discusiones, pueden ir configurando un archivo particular del curso, que sus miembros apreciarán como propio.


  • LOS ESTUDIANTES (Ó INVITADOS)

A medida que los participantes se van conociendo, empiezan a ser el elemento fundamental que mantiene viva la comunidad. Su participación no debe limitarse a "cumplir" con lo que el anfitrión propone hacer. Las herramientas de comunicación están disponibles y cada uno es libre de utilizarlas. No hay que pedir permiso para iniciar una charla o proponer un tema de discusión.

Lo esencial es que no haya participantes "invisibles". Mientras algunos prefieren observar y "escuchar" las discusiones de los demás (lo que se conoce en el ciberespacio como "lurking"), otros rápidamente toman diferentes papeles como el "experto", el "mentor" o el "crítico". Estos roles informales demuestran el deseo de formar parte del estudiante y no deben ser desalentados. Por el contrario, esto demuestra interés en la discusión y en lograr que de ella resulte algo provechoso. En cada nueva actividad, los papeles se intercambian entre los miembros sin premeditación alguna.


Hay muchas variables por las que se puede evaluar la efectividad de una comunidad virtual de aprendizaje. Sin embargo, la más importante es la satisfacción de los participantes. Cada uno tendrá su propia versión de la experiencia y sabrá si llenó sus expectativas o no.

Los tutores del curso pueden llegar a conclusiones sobre el éxito del curso basados en algunas de estas mediciones:

  • Acceso al curso. ¿Con qué frecuencia visitaron el curso?
  • Tasa de participación. ¿La mayoría de estudiantes fueron participantes activos? ¿Hubo miembros más activos que otros?
  • Retroalimentación. ¿Qué piensan los participantes de la experiencia? ¿Qué destacaron y qué criticaron del curso?

En conclusión, se puede decir que una comunidad virtual ha sido exitosa si:

  • Existió una identidad clara de la comunidad y de su propósito
  • Existió una participación activa de una mayoría significativa de participantes y estos lograron sus objetivos de aprendizaje
  • Los participantes percibieron un valor en el proceso de aprendizaje colaborativo y obtuvieron resultados que los benefician directamente
  • Los tutores motivaron la integración y fueron activos participantes del proceso
  • Se crearon vínculos entre los participantes que trascenderán los límites del curso.
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